domingo, 3 de marzo de 2013

Camino de la felicidad

 

Por mucho que tengamos, no es la cantidad absoluta lo que nos hará felices, porque parece que siempre tenderemos a sentirnos insatisfechos si el vecino tiene un poco más.

"Miramos hacia atrás y nos damos cuenta de que los momentos que hubiesemos deseado que nunca sucedieran nos han hecho llegar hasta la satisfacción absoluta en la que nos encontramos"

"Las dificultades se nos revelan, pues, como etapas positivas de la vida, ya que son ellas las que nos permiten llegar a la felicidad"

"Lo diferente es temido y rechazado. Sin embargo, avanzar es siempre dejar atrás lo que ya no es y enfrentarse con otra cosa"

"El único temor que me gustaría que sintieras frente a un cambio es el de ser incapaz de cambiar con él; creerte atado a lo muerto, seguir con lo anterior, permanecer igual"

Es innegable que las personas deben usar su mente si desean ser felices; pero el hecho de que el pensamiento y la inteligencia sean esenciales para comprender la felicidad no implica, de ninguna manera, que gozar de la capacidad intelectual de los genios ofrezca mejores posibilidades de ser feliz.

Primera gran confusión: Identificar felicidad con éxito

Si preguntamos si son felices a los que han obtenido un gran éxito siempre nos encontraremos los mismo: lo que dicen que lo son, ya lo eran antes de obtener el éxito; y quienes eran desdichados antes de tener éxito, continúan siendo desdichados después o son todavía más infelices que antes (como siguen equiparando el éxito con la felicidad y no la han alcanzado, dedican más tiempo a buscar mayores éxitos que a realizar aquellas cosas que en realidad les permitían sentirse felices).

Segunda gran confusión: Equiparar felicidad con el placer

Cuando se pide a la gente que imagine una escena con gente feliz, la mayoría evoca de inmediato la imagen de personas riendo, jugando o bebiendo en una fiesta. Pocos imaginan a una pareja criando a su hijo, a un matrimonio que cumple cincuenta años de casados, a alquien que lee un libro o a personas haciendo cosas trascendentes.

Pero “pasarlo bien” no crea felicidad, porque —como sucede con toda diversión— el placer que produce termina cuando se acaba el entretenimiento, y en ese mismo instante todas las personas que llegaron desdichadas, comienzan a sentir otra vez su infelicidad y se vuelve dependientes de la búsqueda desenfrenada de placer como única forma de escape. No es necesario aclarar que esto conspira contra la felicidad en lugar de acercarla.


El amor adulto nunca es incondicional. Despende de lo que doy y lo que recibo. Hay que nutrirlo y que alimentarlo.

Habrá que aprender a cuidar a los amigos, a darles un valor sustancial, importantísimo. Porque a veces nos olvidamos.

Si de verdad no quieres vivir en un mundo lleno de expectativas, no vivas comparándote.
No evalúes lo que tienes basándote en lo que el otro tiene. No te vuelvas loco por conseguir en base a lo que el otro consiguió. No te compares: así evitarás que tu felicidad dependa de otros.

Dicen que Jung sostenía: “Aquellos que no aprenden nada de los hechos desgraciados de sus vidas, fuerzan a la conciencia cómica a que los reproduzca tantas veces como sea necesario para aprender lo que enseña el drama de lo sucedido”
Yo no creo en la sentencia, pero sostengo que hay algo para aprender en cada episodio de nuestra vida.
Y de ese aprendizaje, se crece.
Y con ese crecimiento, se enseña.


Las personas que se declaran felices, son habitualmente más sociables, más creativas y permisivas. Toleran mejor las frustraciones cotidianas y, como norma, son más afectivas, demostrativas y compasivas que las otras.


En la vida, el rumbo lo marca el sentido que cada uno decida darle a su existencia.
Y la brújula se consigue contestándose una simple pregunta:
¿Para qué vivo?
No por qué sino para qué
No cómo sino para qué
No con quién sino para qué.
No de qué sino para qué.

La pregunta es personal. No se trata de que contestes para qué vive el hombre, para qué existe la humanidad, par qué vivieron tus padres ni qué sentido tiene la vida de los inmortales.
Se trata de TU VIDA.

¿Qué sentido tiene tu vida?...

Contestar con sinceridad esta pregunta es encontrar la brújula para el viaje.



El Rumbo
El engaño de utilizar a los hijos
Un error frecuente e interesante es el de aquellos que, en este punto, sostienen que su camino-misión es “educar a los hijos”. Más de la mitad de la gente incluye a sus hijos en su propósito de vida. Se vive para educar a los hijos, para criar a los hijos, para acompañar a los hijos, para martirizar a los hijos.....Sin embargo, este razonamiento no está muy equivocado.
Si algo hay alrededor de los hijos, no es precisamente una misión, sino un deseo —consciente o no— de trascender en ellos.
Para mí, educar-cuidar-amar a los hijos pertenece a la búsqueda de la trascendencia o es simplemente una meta (muy noble, claro, pero meta al fin) y como tal, aunque fuera la más importante de toda la existencia, no podría alcanzar para darle sentido a tu vida.

Hace poco, una mujer del público se enojó cuando cuestioné la misión “Hijos”, se puso de pie muy seria y me dijo:
Yo no creo que se así, porque cuando definiste la meta afirmaste que era algo alcanzable. Yo tengo 28 años de experiencia como madre, y creo que hasta el último día de nuestra vida seguimos educando a nuestro hijos, tratando de ayudar y de acompañar, ocupándonos de dejar patrones de conducta. No es una meta sino una misión, porque nunca está cumplida.”

— Le pregunté ¿Tenéis hijos?
  • Sí me contestó
  • ¿De qué edades?
  • 28, 27 y 25
  • ¿Y los seguís educando?
  • Siempre
Reconozco que estuve cruel:
— Pobres...— le dije.-
Entonces le expliqué mi desacuerdo:
  • En principio, no creo que tengas que seguir educando a tus hijos de por vida, y en nombre de ellos te pido que lo pienses de nuevo; no sea cosa que a falta de un sentido mejor terminemos por utilizarlos a ellos para no quedarnos sin rumbo.

Un montón de personas en la sala aplaudieron. ¿Hijos? ¿padres? Ojalá que ambos.



Si de algo les sirve, traten de contestarse la pregunta principal: para qué viven.
Si la respuesta es “no lo sé”, entonces, de verdad, ocúpense de buscarla.
Porque si ustedes no le pueden dar un sentido a su vida, su vida quizás deje de tener sentido.

Qué sepan que la vida de cada uno tiene un propósito. Una vez que decidan cuál es ese propósito (que no metas si no rumbos), por favor, sean capaces de dar su vida por él.

Un día, Andrés Segovia salía de un concierto y alguien le dijo:
  • Maestro, daría mi vida por tocar como usted.
  • Andrés Segovia dijo:
  • Ése es el precio que pagué.

La vida de un neurótico —muchas veces nuestra vida— consiste en quedarnos anclados en el lamento y la queja declamando que algo debería haber sucedido de otra manera diferente.
Aceptación y compromiso
Para llegar a ser feliz hay que empezar por aceptar la verdad y terminar comprometiéndose con ella.
Si vivís pensando cómo deberían estar siendo las cosas para poder disfrutarlas, entonces no hay conexión con lo real y sin ello no hay una verdadera vida.
Sólo puedo disfrutar de aquello que puedo aceptar tal como es.
La felicidad consiste en permitir que los sucesos sucedan, decía Virginia Satir. Aceptar que las cosas son como son. No hay aceptación, obviamente, cuando sigo enojado con lo que sucede.


Nuestro viejo concepto de que el cerebro era un órgano senescente (incapaz de desarrollar nuevas neuronas y condenado a la muerte irreversible de algunas funciones) era falso. Nuestro cerebros son mucho más plásticos de lo que se pensaba hasta hace una década. Somo capaces de cambiar continuamente, de recomponer las conexiones nerviosas cerebrales al compás de nuesvos pensamientos y experiencias.

Los terapeutas sólo han acreditado con certeza que tienen perseverancia y un poco de memoria. Si ser esto poco, demasiados psicoterapeutas ingresan a su profesión como almas perturbadas en busca de soluciones para si mismos.

Es más difícil encontrar a alguien que pueda disfrutar de lo que disfruto, que encontrar a alguien que sea capaz de padecer todo lo que padezco.
De hecho, antes de elegir un compañero de ruta, es recomendable evaluar los siguientes parámetros:¿Le causan gracia la mayoría de las cosas que me parecen graciosas?
¿Será capaz de reírse con las mismas cosas que me río yo?
¿Será capaz de divertirse conmigo de las cosas que a mí me divierten?
¿O cada cosa que a mí me divierta será dramática para él y muchas de las cosas que para mí son dramáticas para él serán motivo de risa?
Así como el dolor compartido se achica, el placer compartido se multiplica.

Es determinante para cualquier relación trascendente que el otro sea capaz de acompañarme, también y sobre todo, en los momentos más alegres, solamente así podrá estar en los instantes cruciales.

Cuando no podemos reírnos juntos de nada, nunca hay encuentro. No nos hemos encontrado para sufrir juntos, sino para caminar juntos.

Las personas que sostienen que se puede lograr la felicidad exclusivamente a través de la religión es a menudo producto de un planteamiento superficial de la vida sobre la que no se reflexiona.


Desde el episodio transgresor de Adán y Eva junto al árbol del conocimiento, parece claro que estamos aquí para aprender tanto como podamos acerca de nosotros mismos y de la vida. pg177
El desafío divino, tal como lo veo desde fuera del paraíso, es el de conseguir ser felices y capaces de ayudar al prójimo aún después de tener ese conocimiento.

Utilizar la religión como un escudo para protegernos del conocimiento de nosotros mismos es hacer un falso uso de la religión, que sólo termina por distorsionarla.

Ahora, ahora me siento una basurita insignificante y para peor una basurita con consciencia y recuerdo de haber sido casi un Dios.
Antes era aplaudido por todos los demás, ahora no me conoce nadie.” “Antes tenía a todos mis amigos a mi alrededor, ahora aquí ninguno de ellos entiende siquiera lo que digo”. “He perdido todo lo bueno de aquello para ganar esto, que lo único que tiene de bueno es la perspectiva”.

A ratos, para que negarlo, aparece una especie de arrepentimiento. En algún momento, cuando empezaste a asomarte, tus mejores amigos te dijeron:
¿A dónde vas? ¿Acaso no estáis bien aquí? Quédate.

Quizás debiste escuchar un poco más.
Quizás te apresuraste.
Les contestaste: Ustedes no entienden, están equivocados.

Quizás no estaban equivocados.
Pasas del arrepentimiento al autorreproche.
Ellos siguen en su lugar disfrutando y tú aquí, en pena.
Has pasado voluntariamente de la gloria máxima, de ser el ídolo de todos a ser el último piojo de este plano nuevo.
¿Quién era el que estaba equivocado?

En ese punto yo creo que nadie está equivocado, porque no es un tema de acierto y errores.
Hay momentos, hay tiempo, hay oportunidades en cada una de nuestra historias. Afortunadamente, el desasosiego dura poco. Después de todo, ya no hay nada que puedas hacer. Para bien o para mal este nuevo lugar es el mejor sitio para estar. No hay equivocados, hay situaciones diferentes, y planos diferentes.


Cada uno puede decidir quedarse donde quiera. En este plano, en aquél, en el próximo, en la mitad del que sigue....
Yo no critico a nadie que decida quedarse en un plano, sólo aviso que el camino del crecimiento es infinito.

Necesito decirte que creo que el crecimiento vale la pena, pero que la pena es inevitable.

Quizás ahora quede más claro por qué sostengo que hay caminos que son imprescindibles.
Para animarsea a pasar de plano hay que estar convencido de que dependo de mí mismo, hace falta haberse encontrado comprometidamente con aquellos de quienes aprendí y hay que saber, mientras caminamos juntos, que probablemnte nos separemos en algún momento.

Y aunque casualmente lleguemos con alguien al cambio de plano, dejar atrás lo conquistado significa perderlo y esto convoca a un duelo.
Crecer es un beneficio pero implica una pérdida, aunque más no sea la de la ingenuidad de la ignorancia...y no es un tema menor.

Cada cambio de plano implica un duelo pero también, como hemos visto, cada duelo importante de nuestra vida conlleva un cambio de plano.

Para pasar de plano hay que tner coraje, claro que sí, pero sobre todo hay que confiar en uno mismo.

Tengo que confiar en mí si quiero separarme de lo que traigo. Debo apostar por mí si pretendo vivir una vida desapegada.

Debo apostar por mí si pretendo vivir una vida desapegada.
Tengo que confiar en que la pérdida que me toca vivir es, en realidad, una puerta y la apertura de un crecimiento mayor.
Tengo que confiar en que hay algo mejor después de esto.
Tengo que confiar en que el plano que sigue me enseñará lo que necesito saber.
Tengo que desconfiar de la vanidad que me cuestiona por renunciar a ser el ídolo de todos los quedaron allí atrás.
Tengo que animarme a pasar por esto si quiero seguir creciendo.

Cuando abandones este plano que hoy transitas quedará en vos todos los recuerdos de lo vivido, pero perderás casi todo lo que conseguiste en tu relación con los demás, casi todo lo que cosechaste de tu vínculo con los otros.

Sois el mejor amigo de todos, pero nadie es tu amigo. Todos cuentan con vos, pero vos sentís el dolor de no tener más nada que ver con ellos.

Tengo que aceptar que hay una pérdida que llorar, y soy yo el que tiene que hacer el duelo.
Cuando paso, el otro no pierde nada, ni siquiera a mí.
Y no es que aquel lugar de allá arriba fiera una lugar para humillar a los demás, pero sin duda era más factible alardear desde allí que desde el nuevo plano. Después de pasar no estás para ufanarte frete a nadie, sobre todo con esa sensación de ser otra vez insignificante.

Quizás ni sabes que estás en otro plano, de pronto si sabes qué pasó, lo cierto es que de repente empezaste a sentirte poca cosa, como hace tanto.
Y por supuesto, no estás para proclamarlo, ni para exhibirlo, en todo caso sólo para padecerlo.

Concluyo.
¿Hasta dónde se sigue creciendo?
Yo no sé si es malo elegir quedarse en algún lugar halagador y no querer avanzar. Digo que querer seguir forma parte de nuestra naturaleza.
Me parece irremediable.
El biólogo Dröescher dice que sólo se puede estar en dos momentos: creciendo o envejeciendo. El precio de quedarse clavado en la historia sin crecer más es empezar a envejecer.
Si ésta es la elección, está muy bien.
Pero hay una elección para hacer y es absolutamente personal. Nadie decide por tí donde te quedas.

Tú eliges hacia dónde y tú decidís hasta cuándo, porque tu camino es un asunto exclusivamente tuyo.


Éste es el camino final
hasta quí puedo llegar yo
a veces, no siempre
hasta aquí pudiste llegar conmigo
cuanto más avanzamos
más fácil se hizo volver a la senda
y más hermoso se volvió el paisaje
el camino elegido resultó ser el correcto
el camino que se elige es siempre el correcto
lo correcto está en la elección, no en el acierto.   
 
Jorge Bucay

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