Por mucho que tengamos, no es la
cantidad absoluta lo que nos hará felices, porque parece que siempre
tenderemos a sentirnos insatisfechos si el vecino tiene un poco más.
"Miramos hacia atrás y nos damos
cuenta de que los momentos que hubiesemos deseado que nunca
sucedieran nos han hecho llegar hasta la satisfacción absoluta en la
que nos encontramos"
"Las dificultades se nos revelan,
pues, como etapas positivas de la vida, ya que son ellas las que nos
permiten llegar a la felicidad"
"Lo diferente es temido y
rechazado. Sin embargo, avanzar es siempre dejar atrás lo
que ya no es y enfrentarse con otra cosa"
"El único temor que me gustaría
que sintieras frente a un cambio es el de ser incapaz de cambiar con
él; creerte atado a lo muerto, seguir con lo anterior, permanecer
igual"
Es innegable que las personas deben
usar su mente si desean ser felices; pero el hecho de que el
pensamiento y la inteligencia sean esenciales para comprender la
felicidad no implica, de ninguna manera, que gozar de la capacidad
intelectual de los genios ofrezca mejores posibilidades de ser feliz.
Primera gran confusión: Identificar
felicidad con éxito
Si preguntamos si son felices a los que
han obtenido un gran éxito siempre nos encontraremos los mismo: lo
que dicen que lo son, ya lo eran antes de obtener el éxito; y
quienes eran desdichados antes de tener éxito, continúan siendo
desdichados después o son todavía más infelices que antes (como
siguen equiparando el éxito con la felicidad y no la han alcanzado,
dedican más tiempo a buscar mayores éxitos que a realizar aquellas
cosas que en realidad les permitían sentirse felices).
Segunda gran confusión: Equiparar
felicidad con el placer
Cuando se pide a la gente que imagine
una escena con gente feliz, la mayoría evoca de inmediato la imagen
de personas riendo, jugando o bebiendo en una fiesta. Pocos imaginan
a una pareja criando a su hijo, a un matrimonio que cumple cincuenta
años de casados, a alquien que lee un libro o a personas haciendo
cosas trascendentes.
Pero “pasarlo bien” no crea
felicidad, porque —como sucede con toda diversión— el placer que
produce termina cuando se acaba el entretenimiento, y en ese mismo
instante todas las personas que llegaron desdichadas, comienzan a
sentir otra vez su infelicidad y se vuelve dependientes de la
búsqueda desenfrenada de placer como única forma de
escape. No es necesario aclarar que esto conspira contra la
felicidad en lugar de acercarla.
El amor adulto nunca es incondicional.
Despende de lo que doy y lo que recibo. Hay que nutrirlo y que
alimentarlo.
Habrá que aprender a cuidar a los
amigos, a darles un valor sustancial, importantísimo. Porque a veces
nos olvidamos.
Si de verdad no quieres vivir en un
mundo lleno de expectativas, no vivas comparándote.
No evalúes lo que tienes basándote en
lo que el otro tiene. No te vuelvas loco por conseguir en base a lo
que el otro consiguió. No te compares: así evitarás que tu
felicidad dependa de otros.
Dicen que Jung
sostenía: “Aquellos que no aprenden nada de los hechos
desgraciados de sus vidas, fuerzan a la conciencia cómica a que los
reproduzca tantas veces como sea necesario para aprender lo que
enseña el drama de lo sucedido”
Yo no creo en la
sentencia, pero sostengo que hay algo para aprender en cada episodio
de nuestra vida.
Y de ese
aprendizaje, se crece.
Y con ese
crecimiento, se enseña.
Las personas que
se declaran felices, son habitualmente más sociables, más creativas
y permisivas. Toleran mejor las frustraciones cotidianas y, como
norma, son más afectivas, demostrativas y compasivas que las otras.
En la vida, el
rumbo lo marca el sentido que cada uno decida darle a su existencia.
Y la brújula se
consigue contestándose una simple pregunta:
¿Para qué vivo?
No
por qué sino
para qué
No
cómo sino para qué
No
con quién sino para
qué.
No de
qué sino para qué.
La pregunta es
personal. No se trata de que contestes para qué vive el hombre, para
qué existe la humanidad, par qué vivieron tus padres ni qué
sentido tiene la vida de los inmortales.
Se trata de TU
VIDA.
¿Qué sentido
tiene tu vida?...
Contestar con
sinceridad esta pregunta es encontrar la brújula para el viaje.
El Rumbo
El engaño de utilizar a los hijos
Un error frecuente
e interesante es el de aquellos que, en este punto, sostienen que su
camino-misión es “educar a los hijos”. Más de la mitad de la
gente incluye a sus hijos en su propósito de vida. Se vive para
educar a los hijos, para criar a los hijos, para acompañar a los
hijos, para martirizar a los hijos.....Sin embargo, este razonamiento
no está muy equivocado.
Si algo hay
alrededor de los hijos, no es precisamente una misión, sino un deseo
—consciente o no— de trascender en ellos.
Para
mí, educar-cuidar-amar a los hijos pertenece a la búsqueda de la
trascendencia o es simplemente una meta (muy noble, claro, pero meta
al fin) y como tal, aunque fuera la más importante de toda la
existencia, no podría alcanzar para darle sentido a tu vida.
Hace poco, una
mujer del público se enojó cuando cuestioné la misión “Hijos”,
se puso de pie muy seria y me dijo:
“Yo
no creo que se así, porque cuando definiste la meta afirmaste que
era algo alcanzable. Yo tengo 28 años de experiencia como madre, y
creo que hasta el último día de nuestra vida seguimos educando a
nuestro hijos, tratando de ayudar y de acompañar, ocupándonos de
dejar patrones de conducta. No es una meta sino una misión, porque
nunca está cumplida.”
— Le pregunté
¿Tenéis hijos?
- Sí me contestó
- ¿De qué edades?
- 28, 27 y 25
- ¿Y los seguís educando?
- Siempre
Reconozco que
estuve cruel:
— Pobres...—
le dije.-
Entonces le
expliqué mi desacuerdo:
- En principio, no creo que tengas que seguir educando a tus hijos de por vida, y en nombre de ellos te pido que lo pienses de nuevo; no sea cosa que a falta de un sentido mejor terminemos por utilizarlos a ellos para no quedarnos sin rumbo.
Un montón de
personas en la sala aplaudieron. ¿Hijos? ¿padres? Ojalá que ambos.
Si de algo les
sirve, traten de contestarse la pregunta principal: para qué viven.
Si la respuesta es
“no lo sé”, entonces, de verdad, ocúpense de buscarla.
Porque si ustedes
no le pueden dar un sentido a su vida, su vida quizás deje de tener
sentido.
Qué
sepan que la vida de cada uno tiene un propósito. Una vez que
decidan cuál es ese propósito (que no metas
si no rumbos), por favor, sean capaces de dar su vida por él.
Un día, Andrés
Segovia salía de un concierto y alguien le dijo:
- Maestro, daría mi vida por tocar como usted.
- Andrés Segovia dijo:
- Ése es el precio que pagué.
La vida de un
neurótico —muchas veces nuestra vida— consiste en quedarnos
anclados en el lamento y la queja declamando que algo debería haber
sucedido de otra manera diferente.
Aceptación y compromiso
Para llegar a ser
feliz hay que empezar por aceptar la verdad y terminar
comprometiéndose con ella.
Si vivís pensando
cómo deberían estar siendo las cosas para poder disfrutarlas,
entonces no hay conexión con lo real y sin ello no hay una verdadera
vida.
Sólo puedo disfrutar de aquello que
puedo aceptar tal como es.
La felicidad
consiste en permitir que los sucesos sucedan, decía Virginia Satir.
Aceptar que las cosas son como son. No hay aceptación, obviamente,
cuando sigo enojado con lo que sucede.
Nuestro viejo concepto de que el cerebro era un órgano senescente
(incapaz de desarrollar nuevas neuronas y condenado a la muerte
irreversible de algunas funciones) era falso. Nuestro cerebros son
mucho más plásticos de lo que se pensaba hasta hace una década.
Somo capaces de cambiar continuamente, de recomponer las conexiones
nerviosas cerebrales al compás de nuesvos pensamientos y
experiencias.
Los terapeutas
sólo han acreditado con certeza que tienen perseverancia y un poco
de memoria. Si ser esto poco, demasiados psicoterapeutas ingresan a
su profesión como almas perturbadas en busca de soluciones para si
mismos.
Es más difícil
encontrar a alguien que pueda disfrutar de lo que disfruto, que
encontrar a alguien que sea capaz de padecer todo lo que padezco.
De hecho, antes de elegir un compañero de ruta, es recomendable
evaluar los siguientes parámetros:¿Le causan gracia la mayoría de
las cosas que me parecen graciosas?
¿Será capaz de reírse con las mismas cosas que me río yo?
¿Será capaz de divertirse conmigo de las cosas que a mí me
divierten?
¿O cada cosa que a mí me divierta será dramática para él y
muchas de las cosas que para mí son dramáticas para él serán
motivo de risa?
Así como el dolor
compartido se achica, el placer compartido se multiplica.
Es
determinante para cualquier relación trascendente que el otro sea
capaz de acompañarme, también y sobre todo, en los momentos más
alegres, solamente así podrá
estar en los instantes cruciales.
Cuando no podemos reírnos juntos de nada, nunca hay encuentro. No
nos hemos encontrado para sufrir juntos, sino para caminar juntos.
Las
personas que sostienen que se puede lograr la felicidad
exclusivamente a través de la religión es a menudo producto de un
planteamiento superficial de la vida sobre la que no se
reflexiona.
Desde
el episodio transgresor de Adán y Eva junto al árbol del
conocimiento, parece claro que estamos aquí para aprender
tanto como podamos acerca de nosotros mismos y de la vida. pg177
El desafío divino, tal como lo veo desde fuera del paraíso, es el
de conseguir ser felices y capaces de ayudar al prójimo aún después
de tener ese conocimiento.
Utilizar la religión como un escudo para protegernos del
conocimiento de nosotros mismos es hacer un falso uso de la religión,
que sólo termina por distorsionarla.
Ahora, ahora me siento una basurita insignificante y para peor una
basurita con consciencia y recuerdo de haber sido casi un Dios.
“Antes era aplaudido por todos
los demás, ahora no me conoce nadie.” “Antes tenía a todos mis
amigos a mi alrededor, ahora aquí ninguno de ellos entiende siquiera
lo que digo”. “He perdido todo lo bueno de aquello para ganar
esto, que lo único que tiene de bueno es la perspectiva”.
A ratos, para que negarlo, aparece una especie de arrepentimiento. En
algún momento, cuando empezaste a asomarte, tus mejores amigos te
dijeron:
¿A dónde vas? ¿Acaso no estáis bien aquí? Quédate.
Quizás debiste escuchar un poco más.
Quizás te apresuraste.
Les contestaste: Ustedes no entienden, están equivocados.
Quizás no estaban equivocados.
Pasas del arrepentimiento al autorreproche.
Ellos siguen en su lugar disfrutando y tú aquí, en pena.
Has pasado voluntariamente de la gloria máxima, de ser el ídolo de
todos a ser el último piojo de este plano nuevo.
¿Quién era el que estaba equivocado?
En ese punto yo creo que nadie está equivocado, porque no es un tema
de acierto y errores.
Hay momentos, hay tiempo, hay oportunidades en cada una de nuestra
historias. Afortunadamente, el desasosiego dura poco. Después de
todo, ya no hay nada que puedas hacer. Para bien o para mal este
nuevo lugar es el mejor sitio para estar. No hay equivocados, hay
situaciones diferentes, y planos diferentes.
Cada uno puede
decidir quedarse donde quiera. En este plano, en aquél, en el
próximo, en la mitad del que sigue....
Yo no critico a
nadie que decida quedarse en un plano, sólo aviso que el camino del
crecimiento es infinito.
Necesito decirte
que creo que el crecimiento vale la pena, pero que la pena es
inevitable.
Quizás ahora
quede más claro por qué sostengo que hay caminos que son
imprescindibles.
Para animarsea a
pasar de plano hay que estar convencido de que dependo de mí mismo,
hace falta haberse encontrado comprometidamente con aquellos de
quienes aprendí y hay que saber, mientras caminamos juntos, que
probablemnte nos separemos en algún momento.
Y aunque
casualmente lleguemos con alguien al cambio de plano, dejar atrás lo
conquistado significa perderlo y esto convoca a un duelo.
Crecer es un
beneficio pero implica una pérdida, aunque más no sea la de la
ingenuidad de la ignorancia...y no es un tema menor.
Cada cambio de
plano implica un duelo pero también, como hemos visto, cada duelo
importante de nuestra vida conlleva un cambio de plano.
Para pasar de
plano hay que tner coraje, claro que sí, pero sobre todo hay que
confiar en uno mismo.
Tengo que confiar
en mí si quiero separarme de lo que traigo. Debo apostar por mí si
pretendo vivir una vida desapegada.
Debo apostar por mí si pretendo vivir una vida desapegada.
Tengo que confiar en que la pérdida que me toca vivir es, en
realidad, una puerta y la apertura de un crecimiento mayor.
Tengo que confiar en que hay algo mejor después de esto.
Tengo que confiar en que el plano que sigue me enseñará lo que
necesito saber.
Tengo que desconfiar de la vanidad que me cuestiona por renunciar a
ser el ídolo de todos los quedaron allí atrás.
Tengo que animarme a pasar por esto si quiero seguir creciendo.
Cuando abandones
este plano que hoy transitas quedará en vos todos los recuerdos de
lo vivido, pero perderás casi todo lo que conseguiste en tu relación
con los demás, casi todo lo que cosechaste de tu vínculo con los
otros.
Sois el mejor
amigo de todos, pero nadie es tu amigo. Todos cuentan con vos, pero
vos sentís el dolor de no tener más nada que ver con ellos.
Tengo que aceptar
que hay una pérdida que llorar, y soy yo el que tiene que hacer el
duelo.
Cuando paso, el
otro no pierde nada, ni siquiera a mí.
Y no es que aquel
lugar de allá arriba fiera una lugar para humillar a los demás,
pero sin duda era más factible alardear desde allí que desde el
nuevo plano. Después de pasar no estás para ufanarte frete a nadie,
sobre todo con esa sensación de ser otra vez insignificante.
Quizás ni sabes
que estás en otro plano, de pronto si sabes qué pasó, lo cierto es
que de repente empezaste a sentirte poca cosa, como hace tanto.
Y por supuesto, no
estás para proclamarlo, ni para exhibirlo, en todo caso sólo para
padecerlo.
Concluyo.
¿Hasta dónde se
sigue creciendo?
Yo no sé si es
malo elegir quedarse en algún lugar halagador y no querer avanzar.
Digo que querer seguir forma parte de nuestra naturaleza.
Me parece
irremediable.
El biólogo
Dröescher dice que sólo se puede estar en dos momentos: creciendo o
envejeciendo. El precio de quedarse clavado en la historia sin crecer
más es empezar a envejecer.
Si ésta es la
elección, está muy bien.
Pero hay una
elección para hacer y es absolutamente personal. Nadie decide por tí
donde te quedas.
Tú eliges hacia
dónde y tú decidís hasta cuándo, porque tu camino es un asunto
exclusivamente tuyo.
Éste es el camino final
hasta quí puedo llegar yo
a veces, no siempre
hasta aquí pudiste llegar conmigo
cuanto más avanzamos
más fácil se hizo volver a la senda
y más hermoso se volvió el paisaje
el camino elegido resultó ser el correcto
el camino que se elige es siempre el correcto
lo correcto está en la elección, no en el acierto.
Jorge Bucay
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