Cuando dejamos de crecer, empezamos a envejecer.
En el área espiritual, el proceso es reversible o, por lo menos, detenible.
Entramos en nuestro envejecimiento espiritual dejando de crecer, dejando de apreder, reaprender desaprender, dejando de vibrar con las cosas nuevas, dejando de arriesgar.
Pues bien: estamos envejeciendo. !Pero la fuente de la juventud está en nuestras manos!
No hay envejecimiento durante el crecimiento.
Por lo tanto, si seguimos creciendo, si a lo largo de nuestra vida no dejamos de crecer, !entonces nuestro espíritu no evejecerá jamás!
Jorge Bucay
Cartas para Clauida
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